¿Puede el ajedrez ayudarte a entender mejor un texto o resolver problemas de matemáticas?
Ajedrez · Lectura · Matemáticas
¿Puede el ajedrez ayudarte a entender mejor un texto o resolver problemas de matemáticas?
Yo creo que sí. No porque el ajedrez sea magia, sino porque te enseña a pensar con calma. Cuando estoy frente al tablero, no puedo mover una pieza solo porque sí. Tengo que observar, imaginar, calcular y decidir. Y eso se parece mucho a lo que hago cuando leo un texto difícil o cuando resuelvo un problema de matemáticas.
Me llamo Alondra Bagatella Avalos, tengo 11 años, soy mexicana y juego ajedrez de alto rendimiento. El ajedrez ha estado conmigo desde muy pequeña. Mis papás me cuentan que a los 13 meses tuve mi primer contacto con unas piezas de ajedrez del tablero de mi papá. Después, en preescolar, me gustaba dibujar las piezas y pintarlas con crayolas. Tal vez en ese momento yo no sabía que ese juego iba a ser tan importante en mi vida, pero algo del tablero ya me llamaba la atención.
Con el tiempo, el ajedrez se volvió parte de mi forma de pensar. He jugado muchos torneos, he representado a mi colegio, a Jalisco y a México, y he aprendido que una partida no se gana solo moviendo rápido. Se gana entendiendo lo que está pasando. Eso mismo sucede cuando lees. Si solo pasas los ojos por las palabras, no entiendes de verdad. Pero si te detienes, haces preguntas y buscas pistas, el texto empieza a tener sentido.
“El ajedrez me enseña a pensar antes de actuar. En el tablero y en la vida.”
En una partida de ajedrez, cada pieza tiene una función. El peón, el caballo, el alfil, la torre, la dama y el rey no se mueven igual. Para jugar bien, tienes que comprender cómo se relacionan entre sí. En la lectura pasa algo parecido. Cada palabra, cada oración y cada párrafo tienen un lugar. A veces una idea parece pequeña, como un peón, pero después descubres que era muy importante para entender todo.
El ajedrez también me ha ayudado con la concentración. En los torneos hay ruido, nervios, presión y a veces partidas muy largas. Me ha tocado competir contra niñas, niños, jóvenes y adultos con mucha experiencia. En esos momentos, si pierdo la concentración, puedo cometer un error. Leer también necesita concentración. Cuando leo un problema o un texto, tengo que estar presente, porque una palabra puede cambiar todo el significado.
En matemáticas, el ajedrez me ayuda todavía más. Cuando calculo una variante, no pienso solo en mi jugada. También pienso en la respuesta de mi rival, luego en mi siguiente jugada y después en otra posibilidad. Es como resolver un problema paso por paso. No siempre encuentro la respuesta en el primer intento. A veces tengo que regresar, revisar y corregir.
Eso me ha enseñado algo importante: equivocarse no significa fracasar. En el ajedrez he perdido partidas que me dolieron mucho. Pero también he aprendido más de algunas derrotas que de muchas victorias. Cuando pierdo, reviso qué pasó. ¿Me apuré? ¿No vi una amenaza? ¿Calculé mal? Esa forma de revisar también sirve en matemáticas. Si un resultado no sale, no hay que rendirse; hay que buscar en qué paso nos equivocamos.
La coronación también enseña
Una de mis jugadas favoritas es la coronación. Es cuando un peón llega hasta el final del tablero y puede convertirse en dama. Para mí, esa jugada significa mucho. Me recuerda que no importa de dónde empiezas, sino hasta dónde puedes llegar si avanzas con esfuerzo. También me recuerda que las cosas pequeñas pueden volverse grandes si tienen paciencia y dirección.
A mí me gustan muchas cosas además del ajedrez. Me gusta la robótica, LEGO, la historia, la lectura, la astrofísica, el arte, la escultura y la pintura. También soy una niña que juega, pasea a su perrito, se emociona y a veces se pone nerviosa antes de competir. Creo que eso también es importante decirlo, porque ser deportista de alto rendimiento no significa dejar de ser niña. Significa aprender a equilibrar la disciplina con la alegría.
Mis papás han sido una parte muy importante de mi camino. Mi papá me acompaña en torneos, viajes y entrenamientos. Mi mamá está ahí cuando necesito calma, cuando estoy cansada o cuando una partida no salió como esperaba. También he tenido entrenadores y psicólogos que me ayudan a mejorar en el tablero y a manejar mis emociones. El ajedrez no solo entrena la mente; también entrena el carácter.
Por eso pienso que el ajedrez puede ayudar en la escuela. No porque sustituya estudiar, leer o practicar matemáticas, sino porque fortalece habilidades que usamos en muchas materias: atención, memoria, paciencia, análisis, imaginación y toma de decisiones. Cuando aprendes a pensar antes de mover, también aprendes a pensar antes de responder.
Me gustaría que más niñas y niños en México conocieran el ajedrez. No solo como un juego para competir, sino como una herramienta para aprender. El tablero puede enseñarte a leer mejor un problema, a entender una historia, a organizar tus ideas y a confiar un poco más en tu mente.
Para mí, cada jugada es una oportunidad para aprender. A veces aprendo ganando, a veces perdiendo, y a veces simplemente intentando entender mejor. Tal vez por eso el ajedrez se parece tanto a la lectura y a las matemáticas: en los tres casos hay que observar, pensar y no rendirse cuando algo parece difícil.
— Alondra Bagatella Avalos
